Ford Escort (1982)

Concebido, sobre todo, para satisfacer las preferencias estéticas del conductor joven y para acomodarse como producto de marketing en una gama a prestigiar, el Escort tuvo que combinar en su aparición parte de las características que definen a un deportivo de calle, con las mínimas notas de confort y equipo que definen a su vez una berlina comercial. Resultado de este compromiso de equilibrio, los clientes de la marca encontraron un producto apetecible por su comportamiento básico, pero sobre todo por su impronta estética, que era ciertamente, un pseudodeportivo de línea moderna y prestaciones populares. Hacer todo un deportivo era un reto algo más complejo, por cuanto podía tropezar con los problemas derivados de una no aceptación en sectores mayoritarios, lo que podía arruinar sus posibilidades comerciales desde el propio nacimiento.

 Subvirador es el término que con mayor justeza pueda aplicarse al Ford Escort en curvas de radio reducido, ya que no hay medio de controlar este efecto. Lo cierto es que en tramos virados no hay sistema para conducir el coche que no pase por frenar a tope antes del inicio del viraje, para después dar rienda suelta al gas, cierto es que esto ocurría con todos los Escort.

Otra cosa son las curvas rápidas. Los frenos responden con peculiar regularidad en este terreno, proporcionando una respuesta plana y eficaz, no obstante, hay que tener cuidado en calcular bien las distancias de frenada a alta velocidad, pues parte de la seguridad conferida por los neumáticos en curva se pierde con sorpresa en las frenadas largas.

  • Prestaciones destacables
  • Buena presentación
  • Asientos confortables
  • Mecánica alegre
  • Suspensión dura ya algo desagradable
  • Dirección muy dura
  • Habitáculo muy ruidoso

Motor


Posición: delantero transversal


Cilindros: 4 en línea


Cilindrada: 1600 c.c.


Velocidad máxima: 184 Km/h


Potencia: 100 CV a 6000 r.p.m.


Ciudad: 9,58 litros/100km

Carretera (crucero: 120 km/h): 9,73 litros/100km